"Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión no tiene ningún valor". José Luis Sampedro

lunes, 30 de diciembre de 2013

POLÍTICA para 2014


2013 languidece al mismo tiempo que exige las inevitables y comunes despedidas que se les profesan a los años cuando llegan a su fin. Aunque siempre intento ver el vaso medio lleno, me cuesta despedir al 2013 con recuerdos alegres y alentadores, pues es durante este año cuando más he descubierto la miseria democrática en la que estamos inmersos todos los españoles. Creo que deviene necesario para el año que empieza a asomarse una transformación notable de nuestra política, porque, de no darse ésta, el panorama continuará siendo igual de desesperanzador, o incluso peor.

No podemos conformarnos con la política que en estos momentos predomina en nuestro país. Es una política de mínimos, excluyente, poco participativa, cínica, aislada de la ciudadanía, renuente al diálogo, mercantil, corrompida, carente de ética, amoral, inicua, antihumana, devastadora y desaforadamente ruin. Es una política orientada a contentar a las élites financieras y a las personas adineradas, en detrimento del ciudadano normal. Es una política que únicamente concibe a las personas como mercancías, como objetos de los que desean extraer beneficios económicos. Es una política que satisface únicamente a los conformistas, a los antidemócratas, a los aprovechados y poco comprometidos. Es una política antipolítica.


Para el 2014 pido una política verdadera. Una política donde nuestra participación no se limite al voto que arrojamos cada cuatro años. Una política ética, inclusiva, constructiva, equitativa, transparente, justa, generosa y, sobre todo, humana. Para el 2014 pido una política del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, siguiendo la brillante precisión con la que Lincoln describió la democracia en 1863. Una política que desee extraer beneficio de nosotros, los ciudadanos. Pero no un beneficio pecuniario, sino democrático. Una política construida a partir de las aportaciones de cada uno de los ciudadanos, donde se cristalice de verdad un pacto social. Una política donde se nos escuche, donde se nos atienda, donde se nos obedezca. En fin, una política real. ¿Es tanto pedir?

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